INT. CASA FAMILIAR - PASILLO - ÚLTIMA HORA DE LA TARDE
Theo está arrodillado ante una puerta de madera del tamaño de un niño, con una vieja llave de latón a punto de entrar en la cerradura. Mara aparece con la última caja de la mudanza y se queda clavada.
La caja de la mudanza resbala contra la cadera de Mara.
Mara
Dime que eso es un abrebotellas.
Theo
Abre algo. Así que, técnicamente, casi has acertado.
Mara
Mamá dijo que no había ninguna puerta bajo la escalera.
Theo
Mamá también dijo que la pared era maciza. Las paredes macizas no suelen tener bisagras, Mara.
Mara
Vuelve a poner el panel. La agente inmobiliaria llega dentro de dieciocho minutos y no vamos a explicarle a una desconocida que tenemos carpintería secreta.
Theo
Genial. Pues tenemos diecisiete minutos para averiguar por qué nos ha mentido todo el mundo.
Mara
Nadie ha mentido. Seguramente sea una carbonera vieja.
Theo
¿Con nuestras iniciales grabadas encima de la cerradura? Primero la tuya y debajo la mía, con la letra de papá.
Mara
No sabes si es su letra.
Theo
Ni siquiera la has mirado.
Mara
No hace falta. Esa llave da dos vueltas y después se atasca. Vas a partirla.
Theo
Qué dato tan curioso sobre una puerta que no existe.
Theo
Pídemela bien. Como si yo fuera una persona de esta familia, no un detector de humo al que puedes quitarle las pilas.
Mara
Theo, por favor, dame la llave.
Theo
Por favor, dime dónde estaba antes de que la encontrara cosida dentro del abrigo verde de papá.
Mara
Ese abrigo fue a la tienda solidaria el invierno pasado.
Theo
No. A la tienda fue una bolsa. Tú subiste el abrigo al desván esperando que dejara de buscar.
Mara
Esperaba que pudiéramos mudarnos sin convertir cada caja en una investigación.
Theo
Y yo esperaba que mi hermana no escondiera pruebas entre el aislante. Los dos nos hemos llevado un chasco.
Mara
La abrí una vez. El pasado enero. Eso es lo que quieres que diga, ¿no? La abrí y volví a cerrarla.
Mara
Prométeme que no lo convertirás en otra de tus teorías sobre túneles, máquinas del tiempo o papá viviendo detrás de la caldera.
Theo
No. No puedes obligarme a prometerte la reacción correcta antes de contarme la verdad.
Mara
Unas escaleras. Bajaban más que el sótano, aunque el sótano termina justo ahí. Y se oía un tren.
Theo
Hace sesenta años que no hay vías de tren cerca de esta casa.
Mara
Ya lo sé. Aun así, olía el metal caliente. Después vi el andén donde papá nos dejó, tal como estaba aquella mañana.
Theo
¿Lo viste a través de la puerta?
Mara
No como si fuera una imagen. El pasillo se alargó hasta que el papel pintado se convirtió en los azulejos de la estación. Durante un segundo, esta casa y aquel andén eran el mismo sitio.
Theo
Y aun así bajaste sola. Eso es increíblemente valiente o la decisión más propia de Mara de toda la historia.
Mara
Vi su maleta. Me oí gritando desde el coche. Cerré la puerta antes de tener que escuchar el resto.
Theo
Así que decidiste que yo no podía saberlo nunca.
Mara
Tenías nueve años. Aún le dejabas encendida la luz del porche. ¿Qué querías que hiciera, invitarte a bajar para verlo marcharse dos veces?
Theo
Tú tenías doce. ¿Por qué todo el mundo se comporta como si cumplir doce te hubiera convertido en la madre suplente?
Mara
Porque alguien tenía que darse cuenta de cuándo necesitabas cenar. Alguien tenía que conseguir que mamá dejara de llorar el tiempo suficiente para firmar tus papeles del colegio.
Theo
Y alguien debería haberte dicho que papá ya tenía hecha la maleta antes de que le gritaras.
Mara
Tú no recuerdas aquella mañana.
Theo
Recuerdo que me escondí detrás de los abrigos. Recuerdo que miró la hora del tren antes de que tú bajaras. No se marchó por tu culpa.
Mara
Mamá dijo que estuviste dormido todo el rato.
Theo desdobla un papel cuadrado, desgastado y blando por los pliegues.
Theo
Mamá se inventa cosas cuando la verdad pincha. También metió esto en el forro.
Theo
Solo unas cuarenta veces. La puerta se abre para dos. Muestra la verdad que una persona no puede cargar sola. Son palabras suyas, no de papá.
Mara
Sabía que la había abierto.
Theo
Creo que estaba esperando a que dejaras de bajar tú sola.
Mara
(apenas por encima de un susurro)
Si vuelve a enseñarnos el andén, puede que no consiga moverme.
Theo
Entonces me pondré insoportable hasta que lo hagas. Es mi habilidad más desarrollada.
Mara
Una vuelta cada uno. Si algo no va bien, la cerramos. Sin discutir.
Mara cubre con su mano la de Theo. La llave da una vuelta y después otra. Al otro lado de la puerta se oye pasar un tren lejano, seguido por el rumor suave de las olas. Los hermanos se miran antes de que se levante el pestillo.
Theo
Una vuelta cada uno. Y esta vez los dos podremos recordar lo que pasa.